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    Piñera indultaría a la pastora aymara condenada a 12 años de cárcel por la muerte de su hijo

    Gabriela Blas se encuentra recluida de la cárcel de Arica tras ser declarada culpable por el abandono y posterior muerte de su hijo de 3 años, mientras realizaba labores de pastoreo en el altiplano chileno. El indulto, que podría concretarse en las próximas semanas, se basó en que la mujer no tuvo un debido proceso porque en el juicio no se le respetó su condición de aymara al no contar con traductor y no considerar sus tradicionales culturales en los hechos acontecidos.

    Durante las próximas semanas, la Contraloría General de la República podría dar el visto bueno al que sería el primer indulto particular del gobierno de Sebastián Piñera.

    De esta medida se beneficiaría la pastora de origen aymara Gabriela Blas, quien fue condenada a 12 años de cárcel por el abandono y posterior muerte de su hijo Domingo de 3 años.

    El caso ingresó al Ministerio de Justicia hace seis meses. Desde entonces, según comentan fuentes internas, se generó un debate en torno a si acoger o no el indulto. Tras las deliberaciones correspondientes, se llegó al convencimiento de preparar el decreto y enviarlo a Contraloría. Sólo existen dos copias del documento: una en manos del ministro, y otra en las de Ramiro Mendoza, contralor general de la República, según informó El Mercurio.

    El caso de Gabriela Blas ha sido seguido y apoyado por las autoridades aymaras, políticas y por un informe elaborado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

    Este documento plantea que durante el juicio a Blas no se le respetó su condición de aimara, pues no dispuso de un traductor -no utiliza el español como lengua materna-.

    El caso se remonta al 27 de junio de 2007 cerca del volcán Tacora, al límite de la frontera con Perú. Gabriela Blas pastoreaba llamas y alpacas en el altiplano chileno, una práctica común para la cultura aimara. En esa jornada no pudo conseguir que sus familiares cuidaran de su hijo, por lo que, y siguiendo con sus costumbres indígenas, cargó al menor en su manta y salió a trabajar.

    Al atardecer, mientras guiaba a los animales de regreso a la Estancia Caicone, advirtió que dos de sus llamas se habían retrasado.

    En ese momento la pastora tomó, sin saberlo, la decisión que marcaría el resto de su vida: dejó a su hijo arropado y en un sector sin peligros evidentes, y retornó dos kilómetros en busca de los animales perdidos.

    Tal como lo comentó la propia Gabriela Blas ante el juez en abril de 2010: "Dejé al niño sobre el aguayo y le pedí que me esperara. 'Ya mamá, pero no demores', me respondió".

    De vuelta y tras casi una hora de caminata, su hijo ya no estaba. Sólo quedaban las prendas de abrigo. Luego de guardar los animales, Blas retomó la búsqueda durante más de tres horas. Angustiada y derrotada por las inclemencias del viento y el frío de la noche, en esa época del año se alcanzan los 10 grados bajo cero, la pastora se refugió en la Estancia a la espera de continuar al día siguiente.

    Por la mañana retomó la búsqueda de Domingo sin éxito. Su desesperación era tal que caminó 15 kilómetros hasta llegar a la localidad de Alcérreca en busca del apoyo de su familia. Allí denunció a Carabineros la pérdida de su hijo. "No sabía dónde más buscar, pero esperaba hallar su cuerpo", relató Blas durante el juicio, oportunidad en la que también afirmó que el extravío de su hijo "era un castigo de la Pachamama".

    Seis días más tarde a la denuncia, la fiscalía inició una investigación en su contra. Los cargos eran demoledores: abandono del menor en un lugar solitario con causa de muerte.

    La pastora aimara, además, quedó en prisión preventiva durante tres años a la espera de un juicio.

    El 2 de diciembre de 2008, dos años después de la desaparición del menor, el cuerpo fue encontrado. Los peritos concluyeron que había muerto por las bajas temperaturas y evidenciaba síntomas de mordeduras de animales en sus extremidades, mientras que otras zonas ya estaban con síntomas de momificación.

    En abril de 2010 se realizó el primer juicio, donde fue condenada a 10 años y un día de prisión, su defensa interpuso un recurso de nulidad. En el segundo juicio, celebrado unos meses más tarde, se le aumentó la pena a 12 años, ratificando el argumento de su condena: abandono de un menor con resultado de muerte.

    Hoy, Blas cumple su cuarto año de prisión en la cárcel de alta seguridad de Arica, aunque en pocos días podría tener una buena noticia.

    El 13 de octubre pasado la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de acuerdo que solicitaba un indulto particular por parte del Presidente. El primero de su gobierno. En él se argumenta que "la pérdida del niño fue algo fortuito" y se asegura que "podrían existir alteraciones a las normas de integración y conciliación cultural desoyendo las particularidades de su etnia y tradición".

    Según comentan en el Gobierno, desde hace seis meses este tema es debatido en el Ministerio de Justicia. De hecho, el propio ministro Teodoro Ribera afirmó, en una visita a Arica en febrero de este año, que "ella ya ha cumplido 4 años de la condena que le fue impuesta y el ministro tiene que resolver sobre la base de los informes que se han elaborado".

    Sin embargo, el último mes se llegó a un consenso: otorgar un indulto conmutativo de rebaja de pena. Es decir, Blas no saldrá en libertad, pero será beneficiada con una disminución sustantiva de su condena.

    Durante las próximas semanas la Contraloría deberá pronunciarse.

    En el Gobierno comentan que uno de los elementos relevantes que se consideraron para tomar esta determinación fue el informe anual 2011 del Instituto Nacional de Derechos Humanos, donde se argumentan razones socioculturales para sostener que Blas debe ser beneficiada.
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