Mamá de quintillizos chilotes celebrará su día con sus retoños

Gloria Barría, la mujer récord nacional, es por lejos la madre del año gracias a su alumbramiento mútiple.

$La madre del año sufrió una descompensación el martes a mediodía.

Canal 13 le puso un micrófono a la salida de la UCI del Hospital San José, donde permanecen los quintillizos que parió entre las 9.33 y las 9.38 del 2 de abril, y ella, Gloria Barría, 32 años, 158 centímetros, oriunda de Castro, record nacional de fertilidad 2012, se sintió enferma.

Es algo que le sucede a los artistas de cine y a las madres de quintillizos: se marean con la fama. Los artista se ponen vanidosos, las madres sienten ganas de vomitar.

-Es raro- opina la señora Barría.
-No se agite.
-Es que yo jamás pensé que un día los canales de televisión me iban a perseguir. Yo solamente soy una madre que tuvo a sus cinco hijos.

Aquel día, a las 9.33, el doctor le dijo: Puje, señora. Y Gloria Barría hizo un esfuerzo femenino y nació María Jesús. A las 9.34 pujó y nació María Amanda. A las 9.35 pujó y nació Salvador. A las 9.36 pujó y nació Emilio. A las 9.37 pujó y nació María Clarisa. A las 9.38, mientras Gloria aún degustaba un sedante, Alejandro Pradenas, su marido, un moreno de aspecto saludable, le tocó la frente y le dijo:
-Tranquila: son cinco.

Gloria respondió con una sonrisa drogada. Se declaró inmediatamente en el cielo. Olvidó los esfuerzos que por cinco años hizo para ser madre, el tratamiento de ovulación programada, la ansiedad por la reproducción estancada.

Y en ese instante, tras los trescientos segundos más exigentes de su vida, Gloria Barría, propietaria de un útero proclive a milagros, se convirtió en la gran madre chilena del año.

El padre ahora levanta el teléfono desde Castro: Ha sido impagable, opina. Y el reportero Lillo, que es un padre primerizo reciente, pero a nivel standard, es decir, de una sola señorita, festeja su logro reproductivo. Lo felicita.

-Estoy más feliz que…no sé qué- dice el padre de cinco.
-Le creo- asiente el padre de una.
-Ver salir a los hijos de la guata. Uf, espectacular. Fue como en cámara lenta.
-Y no da nada de asco.
-Yo estaba en otra.
El padre de cinco habla del shock inicial. Por fortuna, dice, se mantuvo fuerte. No se quebró. Es que debía contener a mi mujer, justifica el señor Pradenas. Lo que hace la mujer es lo máximo, insiste.

-Imagínese soportar esa guata por varios meses- comenta.
-Yo veía a mi mujer: su guata era grande y había una sola persona adentro.
-Y en la guata de Gloria habían cinco…- y da la impresión que ese hombre suelta un soplido de incredulidad- ¿Sabe lo que es ver patear a cinco personitas al mismo tiempo? Salen patadas de todas partes. Es como meter varias manos dentro de un globo.
-¿Sabe lo que se le viene, no?
-Yo creo que nunca más dormiré en mi vida. Y para Gloria será más intenso aún.
Y el padre de quintillizos se enorgullece de su mujer, mientras Lillo se pone tenso de solo proyectar la vida de la familia Pradenas Barría.

De manera que para llegar al título de la madre del año, Gloria Barría debió pasar por situaciones heroicas: llevo con distinción su panza exagerada por siete meses, soportó patadas, fatigas, estrés y un parto que requirió la presencia de cuarenta personas en el pabellón.

El premio mayor fue la maternidad quintuplicada. O, como se ha dicho, el mayor premio fue la gloria de Gloria.
-Soy común y corriente. Lo único que sé es que ellos, mis cinco hijos, son los que me dan la fuerza.

Durante el embarazo negó entrevistas. No se sacó fotografías. Trató de ser una madre invisible. Hubo pararazzis especializados en neonatología que le intentaron fotografiar el estómago. Fue en vano. La guata se mantuvo clandestina por siete meses.
-Es que quería que mis hijos no se alteraran.
La madre, desde hace un mes, va todos los días al Hospital San José. Se instala al lado de la UCI y mira a sus cinco hijos que permanecen conectados a sus respectivas incubadoras: nacieron a las 28 semanas de gestación. Están bien, pero aún requieren de cuidados extremos. La madre del año resume su felicidad con una frase religiosa.
-Dios me dio un regalo con todo el power.

PROGENITOR
El padre, al teléfono, calcula nervioso: 1.200 pañales al mes, ropa por cinco, comida por cinco, llantos por cinco, cólicos por cinco. Los gastos mensuales rondarán los 600 mil pesos. El constructor civil suma todo y concluye en una neurosis futura.

-No me tendré que apretar el cinturón; Me tendré que estrangular con él.
Lillo, a la distancia, se lleva las manos a la cabeza. Tiene una hija recién nacida y ya está en la quiebra. No duerme. Suele mudarla a las cuatro de la mañana. No va al cine. No sale de su casa. A veces abre la puerta del baño y se topa con su suegra. Y aquel pecho que antes era sensual, ahora es un restaurante para la criatura.

-Ánimo, Pradenas- murmura Lillo.
-Si estoy feliz…- arremete, preocupado, el padre de cinco.
-Es una bendición…
-Es verdad.
Y entonces ambos padres sacan un tejido imaginario y empiezan a copuchar.
-¿Cómo anda la leche?- pregunta el reportero-papá.
-Tenemos. De los pechos de Gloria salen 760cc.
-Excelente cantidad. Su señora es una industria ¿Consumirán relleno?
-Está en los planes. No hay alternativa. Un relleno especial.
-¿NAM?
-Otro.
-Tenga cuidado. Producen cólicos.
-Y es carísimo.
-¿Practicó para mudar?- Lillo se pregunta, con una fuerte angustia, cómo será mudar a cinco guaguas que lloran a las cuatro de la mañana.
-No. Pero llegará la hora.
-Sea rápido cuando mude. Está la posibilidad que las guaguas disparen caca en el trayecto al pañal.
-Creo que tendremos que contratar a alguien.
-¿A un mudador full time?
-Alguien que ayude en todo. Por el momento quiero agradecer a Pampers que se puso con pañales para un año. A Simmonds que se puso con cremas. Y a la familia Casablanca que se puso con cinco coches.
-Mantenga esa actitud.
-Yo tengo que ser el fuerte, amigo. Pero aquí la estrella se llama Gloria.

Ahora los quintillizos pesan 1 kilo y 400 gramos. La madre del año presume que en cincuenta días más saldrán del hospital y los podrán llevar a su verdadera vida en Castro. A Gloria Barría nada le quita le felicidad. Sólo pide a Dios que los mantenga fuertes, resistentes al exterior. Todo lo demás, la peripecia doméstica, el drama in door, etcétera, no le causa problemas.

-Aunque sé que será bastante intenso- reconoce.
-¿Cómo lo imagina?
-Yo seré un jardín infantil las 24 horas del día.
-¿Volverá a tener tiempo para usted?
-Con Alejo eso queremos. Porque o si no nos vamos a volver locos.
Ocurre que Gloria Barría además de su trabajo en el Hospital de Castro, es centrodelantera del equipo de fútbol femenino del Hospital de Castro.

Una goleadora que admira a Marcelo Salas, una titular indiscutida que no ha colgado los botines. Y, por su parte, el señor Pradenas no ha colgado a sus amigotes. El matrimonio Pradenas Barría todavía tiene vida.

-Quiero pedirle por favor que ponga ahí el número de la cuenta de ahorro en que recibimos colaboraciones- pide, transpirando, el señor Pradenas.
-Lance…
-Cuenta RUT: 14.378.409-6. Llevamos cinco millones. Da para un año.
-Lo importante es que usted esté tranquilo…
Pradenas demora un poco en responder.
-Mire, sé que pasaré en vela los próximos veinte años de mi vida. Pero, amigo, estoy dichoso. De verdad.
* * *
Y Lillo, que se hace el duro, pero es un padre blando, lo sabe. Tiene una hija que llora de noche y le interrumpe el descanso. Pero una sola sonrisa de esa micro-mujer y estallan bengalas en su cielo privado. Una sola sonrisa, o incluso una sola mirada a los ojos, basta. Él, sin querer, sin mamonerías, ha aprendido que eso, simplemente, es la felicidad.

-Hay que agradecer a las mujeres que traigan gente al mundo- le dice a Gloria.
-Es que todas las mamás son importantes. Esta felicidad es inmensa. Es mucha.

Mucha- concluye Gloria Barría. La madre de quintillizos. La mujer que, al menos matemáticamente, es la gran madre chilena del año.




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