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    Ausencia de grandes salmones migratorios en el río Petrohué preocupa a guías de pesca

    luis toledo mora

    Los chinooks no han llegado en forma masiva a sus puntos de desove. Ejemplares escasean en los tributarios.

    La escasez de grandes salmones migratorios en el río Petrohué y sus afluentes, en la Región de Los Lagos, ha comenzado a preocupar a los guías de pesca de la zona.

    Los ejemplares de chinooks o salmones king no han remontado en el número que se observó en otras temporadas, cuando su ingreso a los ríos para el desove constituía un espectáculo natural que se repetía cada año, a fines de abril.

    Esta semana investigadores de las universidades Austral y de Los Lagos, que desarrollan en conjunto un censo biológico en la cuenca del río Petrohué, para conocer el actual estado del curso principal y sus tributarios para la práctica de pesca deportiva tras la erupción del volcán Calbuco, también advirtieron la disminución de los salmones que llegan a sus sitios de reproducción.

    Rodrigo Martínez, administrador del Centro de Cultura y Ciencias del Mar de Metri, perteneciente a la Universidad de Los Lagos, es uno de los investigadores del proyecto.

    “El martes visitamos el río San Antonio, y a diferencia del año pasado donde habían un par de miles de salmones, pudimos observar tres ejemplares vivos y dos muertos, que habían desovado hace poco y estaban siendo devorados por aves carroñeras”, dijo.

    Hoy, los científicos que realizan el estudio por encargo de la Asociación de Guías de Pesca con Mosca de la Región de Los Lagos, en el marco de un proyecto financiado por Corfo, se trasladaron al río El Salto, otro de los tributarios del Petrohué, donde encontraron una treintena de ejemplares desovando.

    Paolo Silva, de la Asociación de Guías de Pesca con Mosca de la Región de Los Lagos, calificó la actual situación como “complicada”.

    “Este año hemos tenido poca cantidad de salmones. Los motivos exactos los desconocemos, sólo tenemos algunas teorías. Una de ellas apunta a un retorno menor de lo acostumbrado; pero, aun así, la cantidad que vemos en los tributarios no superan los 30 individuos, en ríos donde debería haber cientos. El último gran remonte de salmones fue el del año 2015, el que fue interrumpido por la erupción del Calbuco”, contó.

    Otra de las hipótesis apunta a la turbiedad de las aguas. “La temperatura y el nivel del agua está en condiciones para el desove. Creemos que los sedimentos presentes en el río Petrohué puede estar afectando a los salmones, agotándolos antes de que lleguen a los tributarios”.

    Otra posibilidad es que están siendo capturados con redes durante su ingreso al Estuario del Reloncaví, evitando que lleguen al agua dulce. “Acá no hay control. Sernapesca sólo está en el papel”, aseveró Silva.

    Menos peces en el agua, menos dinero para la industria turística. Ese es el efecto que preocupa a los guías.

    “Antes no veíamos menos de diez botes durante la semana, llegando a 15 durante la semana, todos con turistas que pagaban su excursión. Este año sólo se ven tres o cuatro embarcaciones al día”, detalló Silva.

    Ernesto Medina, magíster en Economía de Recursos Naturales y del Medio Ambiente de la Universidad de Concepción, ha analizado los alcances económicos de la pesca recreativa en el río Petrohué.

    “Esta actividad genera 4 millones de dólares al año en la zona del río Petrohué. El 50% de la demanda de servicios turísticos en este cauce está relacionada con la pesca de grandes salmones migratorios”, aseguró el profesional.

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