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    Kel reconoció que con Pablo Schilling "teníamos un pololeo agresivo"

    La abogada y panelista de Maldita Moda reconoció que fue culpa de ambos y que en su relación con Pangal Andrade se dio cuenta que tenía un problema para expresar su ira y frustración.

    Kel Calderón (26), la hija de Raquel Argandoña y el abogado Hernán Calderón, creció. Es egresada de Derecho, está haciendo la práctica en el área de violencia infamiliar y abusos sexuales de la Fiscalía Sur; y también es panelista de maldita Moda.

    A raíz de que se fue de la casa de su mamá y comenzó a vivir sola (aunque a dos cuadras de Raquel), concedió una entrevista a la revista "Ya", donde reconoció que vivió una relación de pareja agresiva, que no llegó al nivel de los casos que ve a diario, pero que fue problemática. Además contó que su actual relación con Pangal Andrade, fue clave en ver sus errores,

    "Nosotros teníamos un pololeo agresivo (con Pablo Schilling). Los dos tuvimos culpa ahí. Y aunque mi situación estuvo lejos de ser una causa como las que veo en la Fiscalía, igual pienso que estas situaciones se empiezan a gestar sin que uno se dé cuenta. Además, hay cosas como que las mujeres seamos independientes económicamente, que contribuyen a que la mujer no sea una pobre pollita agredida, sino a que la violencia sea de dos", relató.

    "Cuando eres joven y estás con toda la prensa metida en todos tus dramas, hay mucha tensión, Todo el mundo sabía todo de nosotros. Porque si tu mamá odia a tu pololo, lo sabes tú y ella. Pero en mi caso, todo el mundo lo sabía. El además, trabajaba en eventos, había mucha exposición. Entonces hay momentos en que se cruzan líneas y se pierde un poco de respeto. Estábamos en esa mala sintonía sin darnos cuenta. Ahora, que estoy en una relación con una sintonía nada que ver, lo puedo entender", relató.

    Cuando peleó por segunda vez con Pangal, se dio cuenta de que "yo discutía en un tono más alto y era más ruda que él. Pangal me dijo: 'Kel, pero tranqui, si estamos discutiendo, no te exaltes'. Yo no le dije nada, pero por dentro pensé 'qué heavy cómo para uno se vuelve normal subir el tono, gritar, decir garabatoa' Hoy día jamás se me ocurriría hacerlo. O sea, ¿decirle un garabato en una discusión? podría no verlo nunca más. Nunca se me va a olvidar esa vez porque me di cuenta de que yo tenía un problema. Tenía una forma de manejar mi ira, mi rabia y mi frustración que no era la correcta al interior de una pareja. Y ahí uno empieza a aprender".

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