El último grito de los hombres verdes

Luis Miranda Valderrama lmirandav@mediosresgionales.cl

En la tercera parte y final del reportaje, los ex funcionarios de Enami piden ayuda a los actuales trabajadores de Ventanas.

Un dirigente de los hombres verde, muestra imágenes de las víctimas. (L. Miranda)
Una de las fotos exhibidas. (L. Miranda)
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Texto completo de la nota publicada en la edición de hoy de La Estrella de Valparaíso

La tarde está oscura y el aire espeso. Son las 18.00 horas del martes 7 de junio y los ex funcionarios de la Fundición Ventanas se saludan y hablan entre susurros. Casino del Liceo Politécnico de Quintero: es el día de la reunión mensual y en el frente hay dos filas para chequear la asistencia. Una para los funcionarios vivos y otra para las viudas.
Con los años, la fila de las viudas ha crecido, según sus dirigentes, a razón de ocho fallecidos por año.

-Murió Núñez hace unas semanas.
-¿Es el último? -pregunta un hombre.
-Es el más reciente -le responde el que chequea la lista.

Sin futuro
Luis Pino Irarrázaval preside la reunión. Pretende dar cuenta de lo avanzado en los últimos días. Les comentará lo que viene tras la presentación de la querella presentada por el abogado Raúl Meza a nombre de la organización, para encontrar responsables legales sobre las muertes y enfermedades de los “hombres verdes”.

Cuando está por empezar, se da cuenta de que hay un grupo de dirigentes sindicales que representan a los actuales trabajadores de la fundición. Un miembro de la asociación de ex funcionarios de Enami invitó a los dirigentes para que conocieran la realidad de quienes trabajaron en la fundición y ahora están enfermos y mueren por la contaminación. Por años los sindicatos de Ventanas han hecho vista gorda a lo que sucede con ellos. Para Pino, es momento que lo sepan de su propia boca.

-Somos la escoria de la minería chilena, mis amigos -dice, enojado, mirando a los sindicalistas-. Trabajamos orgullosos allí: esa fundición fue nuestra casa, nuestra escuela. Hay un malestar terrible de ver a más compañeros que se van muriendo. Déjenme informarles que ya llevamos más de 120 muertos y el resto enferma.Juan Cataldo, presidente de uno de los sindicatos de Ventanas, hombre joven, fuerte, sano, lo mira en silencio.

-Un compañero, Carlos Peña, está en pañales –dice Luis Pino y calla–. Señor Cataldo, le pido disculpas si digo algo malo, pero si esta gente pidiera la palabra, créame que sería mil veces más dura.

Cuenta el caso de Raúl Lagos y su horrible padecimiento antes de morir. Luego pregunta si está en presente Eliana Morales, su mujer.
Eliana se pone de pie.

-Aquí estoy, soy la viuda de Raúl -dice-. Nunca se preocuparon de mi esposo. Nadie.
Saca las fotos de Eduardo Castillo, unidas unas tras otras con plástico: la espalda llena de manchas oscuras con un centro verdoso, la cara con una mancha del mismo color, el torso picado con pequeñas zonas verdes. Brazos y piernas con llagas. Verde, todo verde. Las muestra, desafiante.

-Fuimos muy tontos, nos dedicamos a trabajar. La gente que tenía menos estudios, ¿a dónde las mandaban en la planta?
-A Siberia -dice un anciano-. A la fundición misma.
-Carlitos Yáñez murió de cáncer. Carlitos pedía comer durazno, y le dimos de comer durazno. No pudo. Tuvimos que untar algodón y se lo poníamos en los labios. Así comía.

Cataldo pide la palabra:
-Vivo hace 12 años en Quintero. Soy un vecino, algunos de ustedes me conocen. Tengo que ser sincero: me siento como en la mesa de los acusados. Estamos disponibles para buscar una solución para ustedes ahora. Pero una cosa es la sustentabilidad y otra es cerrar la empresa. Gracias por escucharnos, a veces es bueno dar la cara.

Uno de los “hombres verdes” dice, en voz baja:
-Deben pensar en el futuro. Ellos van a llegar a viejos, como nosotros, y van a sufrir el abandono como lo estamos viviendo. El futuro siempre llega.

Tres semanas después, el futuro habrá llegado para 44 operarios de Ventanas.

Por todos lados
En la revista Ventana Abierta, de Codelco Ventanas del mes de junio, página 13, se anuncia un proyecto de automatización de despegue de láminas iniciales en la refinería electrolítica.

“El despegue de láminas iniciales se realiza mediante un contrato de servicios que, básicamente, corresponde a un servicio manual que conlleva asociado enfermedades profesionales, por tratarse de actividad que afecta principalmente las extremidades superiores”, dice la revista.

Las enfermedades profesionales a las que se refiere la revista de Codelco Ventanas son las que se producen en las articulaciones de los brazos. El trabajo requiere un grado importante de repeticiones y eso desgasta muñecas y codos. Sobre contaminación de metales pesados, no hay ninguna mención.

“Somos 44 personas que trabajaban allí. Lo que pasó es que una empresa se ganó la licitación y nosotros quedamos afuera. Hay gente que trabajó por cerca de 15 años. Los que ingresaron ya están cansados y no saben lo que van a sufrir”, dice José Bermúdez, uno de los afectados y que trabajó desde 1999 allí, en la nave electrolítica.

Según Bermúdez, nunca le hicieron exámenes de metales pesados.

“Imagínese si hay presencia de metales pesados afuera, en la escuela de La Greda, ¿cómo puede ser dentro, en el lugar donde estuvimos trabajando hasta hace unos días? A nuestras espaldas hay una calle, y allí se revisan los metales nobles: eso tiene contaminación. Al otro lado está la fundición misma; nosotros usamos una tripa para trabajar que no nos sirve para mucho”, añade.

Hasta ahora Bermúdez ha sido asintomático a los efectos de la contaminación. Sólo le queda el sabor agridulce en la boca, adquirido por el polvo y el vapor que salen a diario de la chimenea y de las salas de refinamiento.
“Ese vapor lo aspiramos todo el tiempo, concentrado”, dice Bermúdez, “tenemos contaminación por todos lados”.

Respeto
La reunión se está acabando. Los dirigentes agradecen la invitación y Luis Pino le cede la palabra a Luis Sepúlveda, otro ex funcionario de Ventanas, que dejó de trabajar por detectársele un problema al oído.

-Yo creo que los dirigentes de antes fueron los culpables -dice-. Nunca nos cuidaron como correspondía. Yo les pido a ustedes que les digan a la empresa que hubo gente que entregó la vida para que en Chile todos fueran un poco más prósperos, y que los han olvidado.

Por su problema auditivo, Sepúlveda habla fuerte y sus palabras parecen un discurso.
-Pónganse las pilas -pide-. Van a tener nuestra edad. Sepan que nosotros no echamos a perder nuestras mentes y nuestros cuerpos. Fue ese vapor que todos hemos respirado por años. Todos en esta zona tenemos metales pesados en el cuerpo.

Algunos ancianos aplauden y otros lloran en silencio.

La idea que tienen los “hombres verdes” es una y clara: pretenden conseguir que el Estado se haga parte de sus problemas de salud. Que les responda por la vida entregada en esa planta. Para eso interpusieron esa querella y exigen que a todos los ex funcionarios de Ventanas, inscritos en la lista de Luis Pino, les hagan exámenes de metales pesados para saber, de una vez por todas, la cuantía del daño en sus cuerpos.

Pretenden recibir el respeto que, según creen, la empresa, el Estado y el país, jamás han tenido con ellos.

Mientras, los “hombres verdes” van a seguir muriendo.

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