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La milagrosa llegada: a 141 años del arribo de la Covadonga a la región de Antofagasta

En la mañana del 22 de mayo de 1879, una maltrecha goleta llegó al puerto de Tocopilla después de escapar de una poderosa fragata blindada. En medio de la angustiosa travesía de casi 20 horas sus tripulantes trabajaron sin tregua para evitar que la embarcación se hundiera.

En la avenida Barros Arana de Tocopilla, la cual limíta al puerto con el océano Pacífico, existe un curioso letrero carcomido por el óxido. Frente a este a unos 20 metros mar adentro, una vieja boya flota con una deshilachada y desteñida bandera chilena.

Este pobre hito recuerda que en ese lugar fondeó la mañana del 22 de mayo de 1879 la goleta cañonera Virgen de la Covadonga, la cual llegó haciendo agua (evitando el hundimiento) y con algunos marinos muertos en su cubierta después de sostener un combate con naves peruanas en medio del contexto de la Guerra del Pacífico.

Una vez arribada al puerto, habitantes de Tocopilla (en ese entonces ya ocupada por Chile y con la mayoría de su población chilena, al igual que Antofagasta) corrieron a prestar auxilio a los marinos que llegaban cansados de batirse en combate y trabajar toda la noche para evitar que la goleta se fuera a pique.

A eso de las 9.00 horas desembarcó en la playa un exhausto y desconcertado capitán Carlos Condell. Según el libro Historia de Tocopilla de Juan Collao Cerda, Condell dijo que necesitaban partir rápido pues detrás de ellos les seguía el Huáscar. Las reparaciones se hicieron enseguida y antes del mediodía la goleta partió rauda hasta Antofagasta. En la playa dejaron los cadáveres de tres marinos.

la trágica travesía

Conocidos son los detalles del Combate Naval de Iquique, y en menor escala el de Punta Gruesa. En este último, la goleta Covadonga logró doblegar el poder naval del Perú al encallar a uno de los buques más poderosos de su armada. La independencia.

Pero el triunfo costó bastante. La goleta previamente había sido cañoneada por el Huáscar. Uno de sus tiros destrozó a tres tripulantes. Después vino una frenética persecución en donde la goleta evitó ser espoloneada por la Independencia, una monstruosa fragata blindada de dos mil toneladas que le cuadruplicaba el tamaño y el poder de fuego.

Mientras en Iquique la Esmeralda era hundida por el Huáscar, en Punta Gruesa ( unos 40 kilómetros más al sur) la Covadonga hacía encallar a la Independencia. Una vez que esta última arrió la bandera, volvió a Iquique para auxiliar a Prat (sin saber que el combate ya había acabado) pero antes de llegar, nuevamente se batió en persecución con el Huáscar, quien la siguió hasta la altura de la desembocadura del río Loa.

Los combates acabaron el mismo 21, pero hace exactos 141 años los marinos de la Covadonga aún no dormían pensando que a sus espaldas, en medio de la bruma los sorprendería el monitor Huáscar, sediento de represalia por haber encallado al segundo buque más poderoso del Perú.

Poco poco más de un año después llegó la venganza. La Covadonga voló en pedazos para después hundirse en el puerto peruano de Chancay. Le habían enviado un bote con frutas y algunos alimentos a modos de “regalo” por su buena disposición a atender a heridos peruanos del combate de Tacna. No obstante al ser levantado el bote por las pequeñas grúas de la goleta se activó una carga explosiva que terminó con la vida de todos sus tripulantes.

En Tocopilla quedaron los restos de dos de los tres marinos desembarcados el 22 de mayo. Blas Tellez y Felipe Ojeda, ambos yacen sepultados en la plaza principal del puerto, la plaza Carlos Condell.

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