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    Viña de Neira destaca su aspecto nativo y la presencia de aves

    Profesor emérito de la UdeC y botánico experto, Roberto Rodríguez, certificó la presencia del Huillipatagua, árbol en amenaza de extinción que en promedio poseen 400 años.

    No hay duda que los vinos patrimoniales del Valle del Itata cada día se están posicionando más y mejor dentro del rubro del vino nacional e internacional. Vinos naturales, parras ancestrales con más de 200 años y en un valle de 400 años de historia vitivinícola tradicional, donde uno de sus ejes es precisamente preservar una producción artesanal.

    Que cepas originarias del Itata, como la País, y otras variedades como la Moscatel de Alejandría, la Cinsault, Cabernet Sauvignon o Chardonnay, por citar algunos ejemplos, estén marcando altísimos puntajes a través de la elaboración de vinos secos y espumantes, tampoco es un secreto.

    Pero lo que se sabe poco es que detrás de estas vides, también existe otro tesoro natural: un terroir o entorno cuya naturaleza también determina la evolución de las viñas. Y además se presenta como un valor agregado en esta nueva era de la pequeña y mediana industria de vinos patrimoniales del Valle del Itata. Es el bosque nativo, de flora y fauna, de un paisaje único para una zona vitícola del centro sur de Chile, y que según los expertos podría ser reconocida como la Nueva Toscana de América Latina, y por qué no, una eventual zona patrimonio cultural de la Unesco.

    Y donde se está desarrollando esta propuesta vitivinícola adosado a la preservación de un entorno natural es en la Viña de Neira, localizada en Guarilihue Alto, Valle del Itata.

    Roberto Rodríguez Ríos es un botánico, pteridólogo, y profesor emérito de la Universidad de Concepción, quien ha desarrollado sus actividades académicas en el Departamento de Botánica, de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas.

    Al respecto, señaló que "es difícil describir el paisaje original de la Cordillera de la Costa comprendida entre el río Itata y el río Biobío, porque no hay antecedentes escritos que lo confirmen, solamente hay pasajes del poema épico de Alonso de Ercilla que aluden a los bosques cercanos a los poblados que visitó".

    VIGOROSO

    Según el experto, el naturalista Juan Ignacio Molina en 1782 dice que "el terreno chileno presenta la vegetación más vigorosa y abundante. Las llanuras, los valles y casi todas las alturas se ven revestidas de árboles bellísimos, que en su mayoría jamás pierden el verdor de las hojas".

    "Para tener una idea más científica de los bosques en tiempos pasados se puede recurrir a la obra 'Relación histórica del viage', que hizo a los reínos de Perú y Chile el botánico D. Hipólito Ruiz en el año 1777 hasta el de 1788", en cuya época regresó a Madrid, donde describe su excursión de Concepción a Culenco herborizando una gran cantidad de plantas y dando a conocer el estado del uso de la tierra en las distintas haciendas que visitó. Por lo que se supone que antes había un bosque más o menos continuo en toda la meseta entre los ríos Itata y Biobío", explicó Rodríguez.

    Al respecto, indicó que este ecosistema se clasifica como el Bosque Caducifolio de Concepción que se extiende por las laderas bajas y medias de la Cordillera de la Costa en la Región del Biobío, presentando una fase húmeda hacia la vertiente oceánica y una fase seca hacia el oriente. Actualmente está representado por algunos fragmentos relictos en quebradas o en los cerros más altos, como, por ejemplo en el Cerro Cayumanque.

    Sin embargo, señala, que en este contexto, los bosques nativos han sido reemplazados por diversos cultivos: cereales, viñas, plantaciones de pinos y eucaliptos, que han cambiado drásticamente el ecosistema natural durante el transcurso de los siglos.

    "Es interesante destacar la preocupación de Viña de Neira por conservar estos bosques relictos que dan testimonio de la riqueza florística que existió en el país, y guardan tesoros de plantas endémicas y algunas en estado crítico de conservación. Este ejemplo se debe repetir en sitios donde aún quedan restos de bosque nativo y en lugares donde exista la posibilidad de replantar se puede proyectar una restauración con esta flora", hizo hincapié el doctor y profesor emérito de la UdeC.

    Felipe Neira González, gerente general de la Viña de Neira, a propósito de la visita del profesor emérito y de otros profesionales del ámbito de la veterinaria, geólogos e ingenieros forestales, aseguró que lo que se está incubando en el Itata es un concepto que trasciende la industria vitivinícola. Que es hora de hablar del ecoenoturismo.

    Pero aparte de eso, en el caso de las aves, Neira aseguró que en la Viña se ha determinado la presencia de 51 especies de aves que representan por los menos el 20% de aves que existen en Chile, entre ellos el Chincol (Zonotrichia capensis), la Diuca (Diuca diuca), Loica Común (Sturnella loyca), Peuco (Parabuteo unicinctus), Rayadito (Aphrastura spinicauda), Picaflor Chileno (Sephanoides sephanoides), Picaflor Gigante (Patagona gigas), Buho patagon.
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