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Niños confinados: ¿Qué señales deberían preocuparnos?

Los expertos no saben nada de nada, pero igual hablan.

Cambios en los hábitos de sueño, en las conductas alimenticias o en los estados de ánimo, son algunos de los signos que pueden presentar los menores como respuesta al encierro y la incertidumbre que estamos viviendo en estos días de pandemia.

Los más pequeños de la casa han sido uno de los grandes afectados por la pandemia, producto del confinamiento al que han estado sometidos durante el último año. Pero, ¿ante qué señales debemos preocuparnos? ¿Cuáles son las edades más complejas? ¿Cuándo deberíamos consultar? María Ignacia Olate, psicóloga de Clínica Bupa, entrega algunas orientaciones.

“Sabemos que los niños y adolescentes de todas las edades están vivenciado de manera distinta las consecuencias pandémicas y del confinamiento del último año vivido. Pero es indudable que los más pequeños presentan mayor dificultad para gestionar y expresar emociones. Están en desventaja con respecto al manejo de los cambios experimentados durante el último periodo, ya sea por temas de falta de adquisición de lenguaje o por desconocimiento de las emociones vividas”, explica.

Por eso, la psicóloga señala que es importante estar alertas a cualquier cambio ocurrido en la vida de los hijos, ya sea en sus hábitos de sueños y alimenticios, cambios conductuales o anímicos.

“En este periodo de incertidumbre es habitual que los niños presenten síntomas, tanto conductuales, como afectivos. Ante cualquier cambio presentado que parezca inusual para el desarrollo habitual, es importante tomar atención y consultar a un profesional, ya sea del área de la salud mental o a través de los controles habituales con su pediatra, para que el profesional entregue orientación”, comenta la experta.

Algunos de los indicadores más vistos en el último tiempo se relacionan a cambios comportamentales, tales como: escasa tolerancia a la frustración; cambios de humor repentinos ante estímulos que antes no causaban inquietud; mayor desajuste conductual a la hora de enfrentar situaciones; niños más sensibles e irritables; dificultad para adaptarse a los cambios y a esta nueva modalidad, y interferencia en la concentración y la atención, lo que se puede ver reflejado en la pérdida de interés y motivación, y en una baja de su desempeño escolar.

De acuerdo con Olate, se debe consultar cuando la conducta o cambio vivido persista por un periodo de tiempo mayor a las tres semanas. “Una pronta atención siempre beneficia el proceso y entrega mayor tranquilidad a las figuras de cuidado, las cuales muchas veces también se encuentran sobrepasados por la situación actual”, sostiene.

La psicóloga dice que, para evitar llegar a un nivel agudo de estrés, es muy importante mantener rutinas claras y estables, que permitan entregar estabilidad psíquica y emocional al menor. Asimismo, explicar de manera adecuada y acorde a la edad del niño cuál es la situación en la que nos encontramos, siendo importante bajar los niveles de incertidumbre, para estabilizarlos emocionalmente.

“También resulta clave motivar a los niños a que se conecten con sus emociones, lograr identificarlas, reconocerlas y verbalizarlas. Mantener un juego de calidad, por al menos 40 minutos al día, puede ser de mucha ayuda. Esto quiere decir estar concentrados y entregados a la actividad que se está realizando”, afirma la especialista.

Dado el confinamiento, los niveles de movilidad disminuyen notablemente, por lo que potenciar la actividad física, al menos 15 minutos diarios, estabiliza niveles y podría favorecer el bienestar de niños y adultos.

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