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Ignacio Álamos desde Cabildo: “Esta zona podría ser otra si tuviésemos embalses”

Juan Riquelme

El ingeniero comercial cuenta la alegría que dejó la lluvia para los agricultores. Pero llamó a la calma, porque la sequía sigue. También pidió trabajar en conjunto para mejorar la infraestructura de la zona, la gran deuda para mejorar el riego en una zona que ha debido bajar considerablemente las hectáreas plantadas.

Seis años han pasado desde que Ignacio Álamos Van Saint Jean llegó al fundo Santa Laura en el sector de Los Molinos en Cabildo. Recién titulado de ingeniería comercial, asumió un desafío no menor: liderar un fundo en medio de una crisis hídrica profunda y que significaría bajar de 90 a 30 las hectáreas de producción.

En su análisis culpa a dos factores fundamentales en la crisis hídrica que vive el sector: el primero, el cambio del clima; y el segundo, la nula organización que han tenido en la provincia para trabajar en conjunto por mejorar la infraestructura, algo que les permitiría -por ejemplo- haber guardado parte del agua caída esta semana y que significó un respiro para los agricultores de la zona. Aunque, advierte, "la crisis sigue".

En el fundo de su familia, Ignacio nos recibe con José Astudillo, agrónomo, vecino nacido y criado en Los Molinos, y quien tras titularse ha trabajando de manera independiente asesorando a agricultores de la zona. Ambos conocen a fondo la realidad que vive el sector y, por lo mismo, se toman con calma la lluvia, aunque sabe que es un buen comienzo para una temporada que ya es mejor que la de 2019, donde la lluvia prácticamente, no existió.

EN BAJA

Plantea Álamos que por ahora la única solución que han tenido en los campos para lidiar con la crisis ha sido bajar la cantidad de hectáreas que se producen. De echo, en el campo de Santa Laura bajaron de 90 a 50 y luego finalmente a 30, que son de las que esperan tener una producción.

En la zona la fotografía es la misma. "Ha bajado de 8 mil hectáreas del 2008 a 2 mil hectáreas que había en 2017, ahora hay menos todavía", cuenta.

Eso sí, advierte que esta baja, al menos del lado de ellos, no ha significado despedir trabajadores, los que han sido reubicados en otros fundos. "Pero muchos de los campos grandes han tenido que despedir muchísima gente", advierte el titulado de la UAI.

LLUVIA DE LA BUENA

Consultado sobre el efecto que genera la lluvia en los campos, Álamos es cuidadoso. "Esto es lo bueno, ayuda en una mitad del problema a solucionar el tema de la sequía, hará que el próximo año varios de los árboles que están así en el resto de la provincia se puedan recuperar y que eso en dos años más estén produciendo, la cosecha será más grande, habrá más pega, se recupera toda la economía de la zona. Pero que eso se mantenga depende mucho de las lluvias que vengan todos los años", dice.

En el área chica agrega que esta lluvia permitirá que no tengan que regar en al menos dos semanas, permitiendo no sacar agua de pozos o acumuladores que, como gran parte de los agricultores que la zona, tienen en sus terrenos.

Además la lluvia permite que bajo tierra los pozos suban y que la nieve que cayó en la cordillera llene las napas o baje por la quebrada.

Otro efecto lo observará el sector ganadero. "Germinan todas las semillas que están en los cerros y eso es pasto para los animales. En el invierno anterior muchos ganadores mandaron a sus animales al sur, ahora tendrán pasto para la próxima temporada", dice.

INFRAESTRUCTURA

Pero el principal problema, plantea Ignacio, es no poder mantener esa agua por más tiempo: la infraestructura. Y acá nos posiciona en la región.

"Tenemos la mala suerte que no se tiene en las otras regiones, estos dos valles, los del río Ligua y del Petorca, son ríos que bajan por efecto de las lluvias, no tenemos una cordillera que sea un gran tranque que almacene agua, como sí pasa en la mayoría de las provincias. La cordillera, los cerros que bajan están un poco cerrados y hace que la reserva de nieve se vaya al Aconcagua y al Choapa. Los ríos bajan cuando llueve año a año y no tenemos tanta reserva. Esta lluvia hace que esto se recupere mucho, y eso en la medida que siga lloviendo, permitirá que se llenen las napas, bajen las quebradas, quizás el río Ligua y eso es muy bueno para el suelo, pero no nos soluciona el problema en el largo plazo", dice el ingeniero comercial.

Álamos confirma que durante los últimos años, empujados por la falta de agua, el riego se ha optimizado, pasando del riego por horas a uno "hecho a la medida" de cada árbol. "Cuando llegué, tomé contacto con buenos agrónomos y me enseñaron que el riego de palto era muy distinto de lo que se hacía acá. Me enseñaron a regar y gracias a ese cambio se comenzó a usar mucha menos agua. Hoy se puede calcular el agua que el árbol evapora y restituir esa cantidad de agua".

Pero, insiste, el problema está en no tener donde acumular: "Esta zona podría ser otra si es que tuviésemos embalses como en la cuarta región, que te solucionan el problema. Como son valles fluviales, deberíamos tener un acumulador para cuando llueva, guardarla. Es algo esencial de la infraestructura básica, porque también podríamos llenarlo con otras fuentes", dice.

UN RESPIRO

José Astudillo conoce de memoria el sector y ha visto cómo la mitad de los agricultores desaparecieron desde los '90. "Es esperanzador que caiga agüita, nos beneficia a todos y es un tremendo respiro para los agricultores", dice.

Añade que hay que ser cauteloso. Recuerda que la sequía lleva 10 años y solo varias buenas temporadas de lluvia podrían significar algo. "Mientras no se cuente con la infraestructura para guardar, mientras no haya infraestructura de acumulación, es difícil pensar a largo plazo; ahora, si los años venideros vinieran igual de bueno, quizás la condición se recupere, pero según los expertos es complicado que pase", dice.
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