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Así viven el periodo de confinamiento total los habitantes de la pajarera de la Plaza de Armas

Francisca Álvarez

Especialista comenta que la reducción de contaminación acústica es favorable para las aves, pues el ruido se convierte en una interferencia en la comunicación entre los individuos de dicha especie.

Una docena de aves se mantienen al interior de la tradicional pajarera verde ubicada en la Plaza de Armas de Quillota. En medio de la cuarentena obligatoria determinada por las autoridades sanitarias hace más de un mes para la capital provincial, los pájaros no han dejado de contar con los cuidados habituales, según relató la encargada de Áreas Verdes de la municipalidad, María Angélica Figueroa.

La movilidad de personas alrededor de su entorno y el ruido ambiente se ha reducido considerablemente debido al confinamiento determinado para prevenir y reducir los contagios de Covid-10 en la comuna. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para que las aves sigan manteniendo su calidad de vida.

Es así que las catas inseparables, palomas y tórtolas africanas que residen al interior de la estructura metálica siguen recibiendo durante las mañanas a su cuidador, quien se encarga diariamente de mantener su hogar limpio y en óptimas condiciones, así como de proporcionarles agua y alimento -que se basa en alpiste y granos-.

Del mismo modo, el veterinario Jorge Ebner, quien controla la salud de dichas aves, comentó que “no ha habido ningún cambio en sus rutinas” y que solamente se ha reducido la cantidad de público que los rodea. Asimismo, señaló que quienes visitan la plaza “siempre han sido muy respetuosos” con los habitantes de la pajarera.

Varias son las dudas respecto a la percepción de los cambios en el entorno -tales como la reducción de movimiento y sonidos de la ciudad propios de un espacio público- que pueden notar este tipo de animales. En este sentido la jefa de carrera de veterinaria de la Universidad Viña del Mar, Romy Weinborn, explicó que “las aves, en general, son animales estresables. Sin embargo, las aves urbanas están más acostumbradas a vivir con el ser humano, son más resistentes a cualquier tipo de estrés”.

En relación a la situación de una ciudad con movimiento restringido, Weinborn precisó que el escenario que se da es “una menor contaminación sonora o auditiva. Esto hace que las aves se encuentren más tranquilas, lo que sucede también en casi todas las especies de animales. Mientras haya menos contaminación acústica, se van a encontrar con más tranquilidad, porque efectivamente el ruido natural es silencioso”.

La reducción de variables de ruido y tránsito, además, permiten que “las aves puedan comunicarse de una mejor forma”, aseguró la jefa de carrera. Además, la especialista agregó que “efectivamente si tenemos una ciudad que está en silencio y vuelve a la normalidad, les va a costar comunicarse un poco más entre ellas”.

Para quienes transiten en el sector, la entrevistada recomendó hacerlo en silencio. Siempre la observación de aves debe ser en silencio. Es el ruido el que puede interferir en la comunicación o vocalización de los distintos individuos de la misma especie”.

Por otro lado, Carolina Sánchez, médico veterinario de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre Universidad Andrés Bello, advirtió que las aves podrían acostumbrarse a la ausencia de personas ya que “poco a poco van perdiendo la cercanía que tenían con ellas y vuelven a un estado mental donde asocian al humano con algo negativo, como un depredador, por lo que si las personas vuelven de golpe, muchos de ellos podrían estresarse por sentirse presas frente a ellos”.

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