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Agricultura Smart: Cómo la tecnología impacta la producción de alimentos

La monitorización, análisis de datos y modelos predictivos pueden hacer la diferencia a la hora de conseguir que un predio tenga o no una producción efectiva, sin importar si se trata de un gran productor o de la pequeña agricultura.

Estrés hídrico, desertificación y una demanda de alimentos que aumenta a niveles exponenciales son parte del escenario al que se enfrenta la agricultura en la actualidad. Con una población mundial que se espera llegue a los 9.700 millones al 2050 –de acuerdo a la ONU–, la industria agrícola ve en herramientas tecnológicas como el Internet de las Cosas (IoT), la posibilidad de impulsar cultivos más productivos, rentables y sostenibles.

Claro empresas, de la mano de América Móvil, lleva un par de años trabajando para impulsar la digitalización en el sector agrícola. Sobre todo hoy, cuando vemos que el estrés hídrico impacta regiones como la de Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins. Es precisamente en este contexto en que la monitorización, análisis de datos y modelos predictivos pueden hacer la diferencia a la hora de conseguir que un predio tenga o no una producción efectiva, sin importar si se trata de un gran productor o de la pequeña agricultura.

La “era de los campos conectados” parece acercarse con mayor fuerza. Incluso, algunos hablan del concepto “agricultor de datos”, dada la cantidad de variables que se pueden medir para optimizar la producción. Por ejemplo, sólo a nivel de cultivo se puede cruzar información proveniente de los sistemas de riego, análisis climático, observaciones del campo, análisis de suelo, monitoreo de plagas, imágenes tomadas por drones o satélites, que permiten una toma de decisiones más efectivas.

Además del impacto productivo que representa la adopción de tecnologías como éstas, no sólo se trata de una colateralidad financiera, sino también medioambiental.

Con estimaciones que señalan que la producción de alimentos debe aumentar en al menos 60% para hacer frente a la demanda de cara a 2050, hace sentido pensar que la decisión de apostar por una agricultura inteligente, que aplique nuevas tecnologías como aliada estratégica debe ser ahora. Sin duda, vale la pena si lo que buscamos es garantizar mayor productividad, resiliencia y compatibilidad con el medioambiente.

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