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Un desafío del que poco hablamos: volver a prestigiar la función pública

Por María Paz Troncoso, Subsecretaria de Desarrollo Regional y Administrativo (SUBDERE).

Han transcurrido 12 años desde que la Red Sinergia Regional acordó fijar el 31 de marzo de cada año como el día para resaltar el valor y diversidad de nuestras regiones, sensibilizando a la ciudadanía sobre la importancia de la descentralización como factor crítico para impulsar un desarrollo equilibrado del territorio.
No parece casual que esta idea haya nacido en el corazón de las universidades del Consejo de Rectores, pues suele ser en la academia el lugar donde la reflexión expresa de forma nítida la complejidad de materias en apariencia sencillas. Lejos de la academia, la descentralización tiende a estar acompañada de discursos grandilocuentes, con visiones dicotómicas entre los que dicen estar más o menos comprometidos con ella y donde muchas veces no alcanzamos a profundizar en los análisis, dada la multiplicidad de dimensiones que estos procesos engloban.
Quienes hemos nacido y vivido buena parte de nuestras vidas en regiones, hemos acuñado más de una vez frases como: “Las decisiones que afectan a las regiones no son adecuadas porque quienes las toman, desconocen la realidad local”. Y si bien estas frases suponen una simplificación de los hechos, también encierran una gran verdad.
Lo cierto es que pronto se celebrarán las primeras elecciones de autoridades regionales. Y si bien la figura del gobernador regional, que reemplaza la del intendente, es poco conocida, quienes están más familiarizados con ella, cifran grandes expectativas en su elección.
Y así como hay amplia coincidencia en que los hombres y mujeres que resulten electos en el cargo de gobernador regional concentrarán un importante capital electoral, también existe coincidencia en que sobre ellos recaerá la responsabilidad de conducir el proceso de descentralización que se nos avecina. A ellos les será exigible una capacidad de liderazgo, no sólo para dirigir el gobierno regional, sino también para negociar y arribar a acuerdos con el resto de actores públicos y privados que participan e interactúan en el territorio.
Si bien no son pocos los que creen que las desavenencias surgirán en relación al representante del Presidente de la República -el delegado presidencial- quien logre dimensionar la profundidad del rol del gobernador regional como conductor legitimado por la ciudadanía, ha de comprender la complejidad de concordar una visión compartida del territorio, planificando con precisión las distintas etapas para expresarlas en inversiones concretas que permitan acortar las brechas y validar, a través de sus acciones, la confianza depositada por sus electores.
Cuatro años pasan volando y si el gobernador no logra articularse con los otros representantes de su región, la probabilidad de sufrir el descrédito, es alto. Quienes subestimen la responsabilidad que pesará sobre el o la gobernadora regional electa, subestima el proceso de descentralización. La elección de gobernadores es el gran hito de este, pero no es el único, ni mucho menos será el último. Por ello, la responsabilidad que pesa sobre esta primera generación de gobernadores electos es aún mayor. La profundidad de la discusión regional que se establezca y perdure en el tiempo, marcará el buen tono para avanzar a futuro, en mayores cambios.
Por esto, no puedo dejar de reconocer el esfuerzo de apertura al diálogo expresado por senadores y senadoras que concurrieron con su voto a iniciar la discusión en materia de descentralización financiera. Más allá de la pluralidad de visiones acerca de la intensidad de esta descentralización, primó el espíritu propio de un parlamento, capaz de expresar en la diferencia, la posibilidad para confrontar ideas, en función de los procesos que se aproximan.
Una capacidad que nuestros futuros representantes regionales deberán honrar de cara a los cientos de electores que confían que este proceso servirá para re- prestigiar la función pública y devolver a la discusión política la reflexión motivada y comprometida con las necesidades de la población que votó por ellos.

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