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    Siete consejos para padres que se enfrentan al bajo rendimiento escolar de sus hijos este fin de año

    Las bajas notas no son sinónimo de fracaso, de hecho, usar ese concepto con los niños puede generan un impacto emocional irreversible.

    Muchos dieron por terminado el año escolar y otros están a punto. Si los padres escuchan "bajo rendimiento", es preciso que tengan en cuenta que no significa fracaso escolar.

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    La razón puede variar en distintos factores y entre los más recurrentes están los relacionados al trastorno de aprendizaje, como la dislexia, además del déficit atencional y los problemas emocionales que impactan en la vida del alumno.

    La profesora y subdirectora Editorial de Caligrafix, María Paulina Schwarze, aconsejó tomar el "bajo rendimiento" como un indicador de que algo está ocurriendo en la vida del niño, además de aprovechar la oportunidad para potenciar el desarrollo de otras habilidades.

    Agregó que es relevante evaluar el rol de padre como educador o líder, "creo que es muy importante que sea algo global, no solo enfocado a lo académico".

    Schwarze explica que hay causas externas como la separación de padres, algún duelo o altos niveles de exigencias académicas, que también impiden que el niño alcance los objetivos esperados para su edad, excluyendo casos en que existe alguna necesidad educativa especial.

    Para hacer frente a esto y quizá preparar el terreno para el próximo año desde ya, Schwarze aconseja:

    1- No ver el mal rendimiento como un fracaso: hay que tomarlo como un indicador que algo ocurre en la vida de esa persona. Es bueno conocer a los hijos y acompañarlos en el proceso de descubrir cuáles son sus habilidades y dificultades, aceptarlas y contenerlos emocionalmente.

    2- Diversidad: asumir que cada niño es diferente, con necesidades y habilidades diferentes. No se debe comparar a los propios hijos con los del amigo o con uno al tener la misma edad. Si lo hacen, se marca de manera irreversible la autoestima del niño.

    3- Trabajo personal:
    el área emocional es la que más afecta un mal rendimiento, por ello es necesario trabajar en la autoestima y el autoconocimiento, potenciando el desarrollo de habilidades diferentes. Los niños tienen habilidades, pero si emocionalemte no están bien, no va a acceder al contenido.

    4- Cuidado con el manejo de conceptos:
    usar la palabra fracaso ataca directamente la autoestima y la motivación.

    5- Rol familiar: si bien el educador entrega los contenidos, debe existir una familia contenedora, que comprenda que no todos los niños rinden de igual forma y que las notas no son el único indicador de que el niño está aprendiendo y creciendo.

    6- Atención en el niño:
    atender a los cambios fuertes y drásticos en sus rutinas y conducta.

    7- Dejar la etiquetas: evitar frases perjudiciales como 'él es hiperactivo, por eso no entiende' y 'es que no es tan inteligente, le cuesta más'.

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