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Antonia Torres pone toda su poesía en 102 páginas y estrena una antología

“Las secretas costumbres” llega con un conjunto de piezas inéditas como atractivo.

En abril del año pasado, Antonia Torres recibió un llamado telefónico de Rolando Martínez, director de Editorial Aparte. Fue para proponerle reunir toda su producción poética en un solo volumen, que sería postulado a fondos concursables.

El ofrecimiento encontró a la escritora en medio de sus propios planes: publicar un nuevo trabajo. Sin embargo, la pandemia por coronavirus la obligó a cambiar de idea y lo que pudo ser un inédito individual, se volvió parte de una antología. Y ahora es uno de los principales atractivos que trae “Las secretas costumbres”, que se espera para antes de fin de mes.

Es un compilatorio de 102 páginas, en el que Torres desempolva toda su obra y estrena “La luz y las horas”. “Los temas son, me parece, los mismo de siempre. El tiempo, los espacios de la memoria, la naturaleza y el lenguaje que intenta nombrar todo eso. Algunos muy contemplativos, otros más narrativos. En el centro siempre está el poema como aparato verbal y fenómeno estético enigmático que intenta capturar todo eso”, dice la también autora de la novela “Las vocales del verano”.

¿Reunir la obra de toda una vida y ponerla en un solo impreso le quita la individualidad y fuerza que tuvo por separado?

-No, más bien creo que es una tremenda oportunidad para que esos poemas sigan teniendo vida, que sigan circulando. Mi primer libro ‘Las estaciones aéreas, por ejemplo, es prácticamente inencontrable. Además fue editado con muy bajo presupuesto y es de factura precaria. Ahora, gracias a la antología, su vida se prolonga de algún modo. Además, el diseño y la calidad material de esta antología es hermoso y sólido. Para mí es un regalo publicarlo, más aún en esta insólita circunstancia de explosión viral y social.

¿Es posible identificar un camino hacia la madurez escritural al leerla en modo compilatorio?

-Esa es una reflexión que le corresponde hacer a los lectores o a la crítica, me parece. No tengo suficiente distancia y no es mi rol aquí. Pero si me apuras, creo que mi trabajo ha venido explorando siempre los mismos tópicos: la experiencia de una realidad inasible, extraña, enigmática -como es la de todo devenir vital- a través del lenguaje y con/pese a todas sus limitaciones.

Haber cumplido etapas, un reconocimiento necesario o revalorizar la obra de tiempos pasados. ¿Algunos de estos conceptos le acomoda al momento de analizar las razones para aceptar ser antologada?

-Me quedaría con aquello de revalorizar o rescatar textos del pasado. Creo que un poeta nunca cumple del todo etapas, porque la poesía no es una carrera. Así como tampoco escribe pensando por el reconocimiento. Al menos no en el momento creativo. Sería absurdo, ya que la poesía la lee muy poca gente y es objeto de interés de lectores ‘raritos’ o de snobs (yo soy un poco de los dos). La poesía es, por antonomasia, el género que piensa y revisa el lenguaje una y otra vez. Es el género que pone en entredicho al lenguaje. Lo arrincona contra la muralla con un cuchillo al cuello y lo conmina ‘a soltar la pepa’. Y el lenguaje, muerto de miedo y ahogándose casi, dice todo lo que puede o todo lo que recuerda. Pero sabemos que siempre puede decir algo más. Es cosa de volver a apretarlo.
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