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Franco Morales: "Cuando acepté venir a Las Ánimas, me reencontré con mi carrera basquetbolística”

El líder de los Fantasmas está en uno de los mejores momentos de su carrera.

Genio y figura dentro de la cancha. Papá “guaguatero” de dos hijas regalonas. Amigo de sus amigos. Franco Morales Órdenes es de esa raza de basquetbolistas idolatrados por los hinchas de los clubes a los cuales defiende, respetado y hasta odiado por los aficionados rivales. Frontal con los árbitros. Determinante y temible cuando está al 100%. Un tipo que puede jugar lesionado, que tiene garra y entrega para regalar. Con todas esas características, el conductor de Las Ánimas es uno de los mejores basquetbolistas chilenos de los últimos años y a la vez garantía de espectáculo en cualquier gimnasio del país.

El talquino mostró su potencial cestero en Valdivia cuando recién tenía 15 años de edad. El año 2007 jugó en los infantiles de Nueva Imperial, en la Libsur. De allí lo reclutó el técnico Juan Manuel Córdoba para las series menores del CDV. Y así fue como el ilusionado muchacho comenzó a mostrar su potencial. En 2008 jugó por los cadetes del CDV y formó parte del plantel adulto en la Libsur, jugó “minutos basura” en la Dimayor y su gran logro de esa temporada fue el título de los Juegos Binacionales de la Araucanía, con un equipo del cual siguen en actividad y como profesionales del baloncesto Gerardo “Papita” Isla y José del Solar. En 2009 recaló en Liceo Mixto de Los Andes.

Han pasado once años de esa experiencia y Morales luce en sus maletas dos títulos de Dimayor: con Liceo Mixto en 2009 y 2011-2012; cuatro cetros de Liga Nacional: con Español de Talca en 2010, con Tinguiririca San Fernando en 2013-2014, con Colo Colo en 2014-2015 y con Las Ánimas en 2017-2018. A ellos se suman dos copas Chile y una Libcentro, además de una Súper Copa y los títulos de Liga Saesa (A y B) con Las Ánimas.

CON HISTORIA

¿Qué queda hoy del Franco Morales que llegó a las series menores del CDV el año 2008?

-La garra. Esa fue una buena experiencia deportiva... pero, en la parte personal lo pasé muy mal, fue muy complicado, porque me faltaba plata para comer, no me pagaban los 50 mil pesos que ganaba y me tenía que ir caminando a clases, desde la casa del club que estaba en Aníbal Pinto hasta el Colegio Los Torreones.

¿Es verdad que Patrick Sáez es tu referente?

-Cuando me fui de Valdivia a Liceo Mixto de Los Andes el 2009, iba a un equipo muy experimentado, donde estaban Patricio Briones, Galo Lara, Percy Werth, Lino Sáez, Patrick Sáez. Yo tenía 16 años y la gente decía que no iba a tener minutos, que los experimentados me iban a tirar para abajo, porque llegaba un pendejo a quitarles el puesto. Me metieron eso en la cabeza y al comienzo me dio miedo, pero al irme, todo fue distinto. Me apoyaron y enseñaron mucho, cómo jugar en los momentos claves, a leer el juego y ayudar al equipo. De Patrick Sáez decían que era un cabrón y cosas peores, pero me di cuenta que cuando faltaba algo, él era el primero en estar presente. Cuando necesitaba una palabra de apoyo y aliento, un consejo, él estaba ahí. La gente que habla mal de él es porque no lo conoce. Para mí, es el único referente que tengo en el básquetbol chileno. De él tomé el carácter y liderazgo.

“FANTASMA”

Cuando decidiste venir a Las Ánimas era un enorme desafío, porque venías a iun club que quería ser grande. ¿Se han cumplido esas expectativas?

-Con creces. Hemos conseguido más de lo que se pensaba, porque venía a un equipo sin historia en la liga profesional, que no tenía prácticamente nada, pero sí la mentalidad y los deseos de ganar cosas. Cuando me hablaron de eso, la tentación fue grande y acepté, porque llegaba a un equipo que no estaba consolidado. Lo ganado en estos años habla bien de mí y de mis compañeros y no queremos quedarnos ahí. Ganamos la Liga Saesa A y B, Liga Nacional, Copa Chile, Súper Copa, semifinales de la Liga de las Américas, fuimos a la Liga Sudamericana. Hemos ganado todo lo que se puede ganar.

O sea, ¿es una experiencia altamente positiva?

-Muy positiva en todo sentido. Cuando acepté venir a Las Ánimas, me reencontré con mi carrera. Subí mi nivel basquetbolístico. Venía de Tinguiririca, donde tuve muchos problemas con el pago de los sueldos. Hubo meses en que me dejé estar y no entrenaba. Subí de peso. Necesitaba un club serio donde entrenar todos los días, esforzarme y mejorar como jugador. Después del campeonato con Colo Colo, que fue un muy buen año, me dejé estar en la parte física, me dediqué más a mis amigos, a vivir la vida y dejé de lado el básquet. Me costó mucho volver y cuando quise competir a nivel nacional, mejorar y buscar campeonatos, Las Ánimas me dio esa opción.

¿Quién ha sido tu mejor compañero extranjero en Las Ánimas?

-Creo que no hay dudas. Brandon Robinson. Porque hacía de todo y aparecía en los momentos claves. Un goleador nato, que cuando se prendía era imparable. Qué mejor que tener un jugador así a tu lado.

¿Te crees el cuento de que eres “el corazón” y símbolo de Las Ánimas?

-Siento que mis compañeros me siguen, que al momento de verme que estoy metido en el juego, que me tiro de cabeza para subir al equipo, para echármelo al hombro, ellos me creen. Me hacen sentir importante y me creo importante para el equipo.

¿Cómo fue la experiencia de jugar lesionado la final de Liga Saesa contra el CDV y también un par de encuentros de la selección?

-Es un tema de compromiso con el equipo y conmigo mismo. La final de la Liga Saesa la jugué con un desgarro de dos centímetros en el isquiotibial izquierdo, no podía correr. Jugué trotando todo el partido, pero sabía que era importante estar en cancha, ya que si los rivales no sabían de mi lesión, iba a arrastrar marcas y dejaría más libres a mis compañeros. También jugué lesionado por la selección contra Colombia y Venezuela, con una fractura en una costilla. No debería haber jugado y no sé si me arrepiento, porque no anduve bien, pero me entregué al máximo.

¿Atraviesas por tu mejor momento deportivo?

-No sé. Se puede decir que sí, pero recién tengo 27 años y mucho por mejorar en algunas facetas del juego, para ser más determinante.

¿Qué ha faltado o falta para asumir un desafío de jugar en el extranjero, por ejemplo en Brasil o Argentina?

-He tenido ofertas y no es la idea que no me interese. Pero llega un momento de la vida en que tengo dos hijas a las cuales no puedo dejar solas y cuando el dinero es mucho menos de lo que gano acá, pongo eso en la balanza y no puedo irme por menos de la mitad de lo que gano hoy, porque tengo que mantener a mi familia, la casa en que vivimos y a mi otra hija. Hay prioridades. Estoy buscando algo que no se aleje mucho de lo que gano acá y ver una opción en el extranjero. Es una puerta abierta, pero en este momento no estoy en condiciones de arriesgar mucho, porque mi familia está primero.

NIVEL NACIONAL

¿Cómo calificas el actual nivel del básquetbol chileno?

-Creo que ha avanzado harto y el nivel de los extranjeros que llegan es mucho mejor. A nivel de selección también hemos mejorado y no son tantas las diferencias como antes. Obviamente que Argentina, Brasil y Venezuela están dos peldaños más arriba, a Uruguay le podemos hacer pelea en un par de años más con los que vienen de abajo. Hay material para mejorar.

El nivel de la selección también pasa por los jugadores que están en el extranjero. ¿Esperas más de ellos?

-Depende mucho de dónde compitan. Por ejemplo, Sebastián Herrera está en Primera División en Alemania a un gran nivel y cuando llega acá, marca diferencias. No sé si tanto los chicos que juegan en universidades de Estados Unidos, porque enfrentan a rivales más jóvenes y pueden hacer diferencias, pero no todos porque no es lo mismo jugar en universidades y venir a la selección contra Brasil o Argentina, o con jugadores de la Liga Nacional, donde el roce es distinto y se defiende muy fuerte. Eso los complica cuando vienen a la selección.

¿Estás esperanzado en ser parte de un nuevo proceso de selección nacional?

-Me gustaría mucho y que podamos competir cada vez más, que nos nos quedemos siempre en los tres primeros cuartos y luego se nos acaba la bencina y nos sacan 20 puntos de diferencia; que podamos tener una rotación más larga y de calidad para competir durante todo el partido.

EL CDV

Cómo asumes ese sentimiento de “odio” de algunos hinchas del CDV hacia tu persona?

-La verdad, no me desagrada, es parte del entorno y si me odian tanto, por algo será. Somos rivales directos en la ciudad y quienes me odian no son la mayoría. Tengo muchos amigos en el plantel y entre los hinchas. Son pocos los que se exceden y no hay que meter en el mismo saco a todas las personas, pero siento que dentro de todo, ese odio me gusta y es porque estamos haciendo bien las cosas y les hemos ganado hartas veces. De ahí el odio hacia mí y el equipo.

¿Te pondrías la camiseta del CDV? Porque es un secreto a voces que el club se ha interesado por tus servicios en las últimas temporadas...

-Nunca cierro las puertas a nadie. No me gustaría cometer el error de decir que nunca voy a jugar por un equipo, porque soy un profesional y el día de mañana, uno no sabe lo que pueda pasar. Imagínate que de repente quebrara Las Ánimas y yo no me quiero ir de Valdivia, porque me gusta la ciudad. Si un día tengo que jugar por el CDV, lo voy a hacer. Al único equipo que le diría siempre que “No” es a Universidad de Chile (risas).

“SIN CADENA”

¿Cada vez tienes menos conflictos con los árbitros?

-Lo que pasa es que soy muy directo para mis cosas y además muy picota. Odio perder, odio la injusticia y cuando siento que me pegan o que tengo la razón, al reclamar con las pulsaciones a mil, no lo voy a hacer calmado, sino que airado. Si no reclamo así, no soy yo. Claro que con el tiempo he tratado de cambiar, porque me doy cuenta que perjudico a mi equipo. Estoy en eso y entiendo que a mi equipo no le sirvo si estoy expulsado o suspendiso, le sirvo dentro de la cancha. Reconozco que a veces se me sale la cadena, pero si eso no ocurriera, no sería Franco Morales.
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