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Comité de Etica del Hospital Base de Valdivia llama a la solidaridad

A través de un documento, la entidad pide reflexionar sobre la forma en que la comunidad y las autoridades se encuentran enfrentando la pandemia de covid-19

Un llamado a la solidaridad, el autocuidado responsable y conciente; superar el individualismo y a no anteponer intereses económicos personales por sobre los del bienestar colectivo, realizó el Comité de Ética Asistencial del Hospital Base Valdivia.

El texto señala que: "La palabra solidaridad es de origen latín, solidus y significa solidario, y en pandemia el valor de la solidaridad se convierte en algo literal: un daño a uno es un daño a todos. Debido a esto, se intensifica el deseo de separarse de la red de interdependencia y salir adelante solos.

El nuevo coronavirus pone en primer plano la lógica de un mundo que combina una realidad material de intensa interdependencia con sistemas políticos y morales que abandonan a la gente a su suerte. La diaria interacción laboral, en la locomoción colectiva, concurrencia a multitiendas y supermercados, entre otros, nos exponen al contagio y nos vuelve vulnerables.

El estar moralmente aislados nos inclina a cuidar de nosotros mismos y de los nuestros, transformándonos en sobrevivientes de cuatro paredes abastecidos de alimentos no perecibles, artículos de aseo y limpieza y medicamentos básicos para así cortar vínculos y salir adelante por nuestra cuenta.

Quienes aún cuentan con la fortuna de percibir ingresos fijos y habitan en espacios más holgados que les sobrellevar el encierro y evitar el hacinamiento, probablemente podrán ser capaces de llevar a cabo el ejercicio absurdo de aislarse por algunos meses desabasteciendo la red de comercio local/ virtual; no obstante aquellos desprovistos de ahorros y que viven el día a día conviviendo en espacios reducidos, que difícilmente cuentan con presupuesto para abastecerse de mercadería y deben a diario ingeniárselas para generar sustento, esto es sencillamente imposible.

La necesidad obliga a la exposición al riesgo, enfrentándonos a elegir entre la prudencia epidemiológica y la supervivencia económica porque simplemente no existen más alternativas. Mientras esto sea una realidad, mientras muchos tengan que romper la cuarentena para subsistir, entonces habrá razones para pensar que sólo una minoría estará a salvo.

Extrapolando lo poco que sabemos sobre el virus, el número de portadores continuará aumentando. Mientras nuestro aislamiento moral y político nos lleva de vuelta al supermercado, nuestra interdependencia material hace que casi todos y todas seamos vulnerables.

“Lávate las manos” es un buen consejo pero también un recordatorio de que este no es el tipo de problemas que sólo la responsabilidad personal puede resolver. El tratamiento contra el coronavirus y para síntomas relacionados con él debe ser gratuito y sin discriminación (sobre situación migratoria o candidatos a recibir la vacuna, por ejemplo) para que nadie quede excluido del tratamiento por miedo o falta de recursos. Esto es, en el sentido más directo posible, bueno para todos. Es también la manera en que las personas pueden protegerse mutuamente frente a las vulnerabilidades y necesidades viendo los problemas de los demás como propios.

La lección de la crisis climática, aquella que profesa que podemos conseguir una forma de abundancia material pública pero que al verse confrontada con la abundancia privada universal nos va a matar a todos al privarnos de lo esencial, se trasladó a la pandemia; podemos aspirar a un sistema de salud realmente público pero en la medida en que la gente persista en la intención de sólo hacerse cargo de sí y de los suyos esto no funcionará, y al final terminará sumando más muertes y un daño al medio ambiente si pensamos solamente en todos los desechos que implica la eliminación de elementos de protección personal (EEP).

¿Es esto imposible, estamos pidiendo demasiado? Vale la pena recordar que nuestro mundo de soledades gregarias, de ética individualista y de interdependencia material no ocurrió de repente y que debemos dejar un planeta mejor a las generaciones venideras.

Este es un orden diferente, profundamente resiliente, aun cuando para llegar allí se requiere de una lucha política por el valor de la vida misma, por decidir si estamos aquí para obtener ganancias o para ayudarnos unos a otros a vivir en comunidad".

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