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Emprendedoras de Niebla reciben apoyo para avanzar en comercio justo

Dos dueñas de pequeñas plantas de proceso de pescados y mariscos de están mejorando sus instalaciones, maquinaria y recibiendo capacitaciones, gracias a un proyecto Corfo. Son parte de un plan más ambicioso, el de obtener un sello internacional para certificar la pesquería de navajuela en la zona.

En el mundo existen diez pesquerías certificadas con el sello Fair Trade Certified, un estándar de comercio justo que garantiza que se cumplen con buenas prácticas en cuanto a criterios sociales, económicos y ambientales. Y una de esas certificaciones es chilena. Fundación Chinquihue logró que pescadores artesanales de Maullín la obtuvieran para la comercialización de locos.

Ahora se está trabajando para sumar más. El año pasado la gerente de la consultora APP Chile y directora de Fundación Cocinamar, Griselda Ilabel, inició un proyecto que busca certificar la pesquería de navajuelas en la bahía de Corral bajo este estándar. Ya comenzaron las tramitaciones y a fines del año pasado fue realizada una auditoría virtual del proceso, ahora se está esperando una presencial. Consolidar esta certificación puede durar seis años.

Mientras todas esas acciones son realizadas, la fundación decidió trabajar en planes paralelos que permitan potenciar la labor de quienes son parte de esta pesquería, ayudarlos a mejorar sus plantas y capacitarlos en comercio justo.

Fue así como en noviembre de 2020 Fundación Cocinamar comenzó a ejecutar un proyecto destinado a fortalecer las capacidades técnicas, productivas, organizacionales y comerciales de dos emprendedoras de Niebla, quienes lideran plantas pesqueras de pequeña escala.

La iniciativa es financiada por Corfo a través de su programa “Conecta y Colabora” y se denomina “Aumento en la competitividad de plantas pesqueras artesanales bajo el estándar de comercio justo”. Gracias a ella, la dueña del emprendimiento “La Minga”, Dominga Huichalaf y la propietaria de Frutos del Mar, Elsa Neira, están arreglando la infraestructura de sus establecimientos y sumando maquinaria. Además, desde marzo, comenzarán a recibir capacitaciones online por parte de la Cooperativa de Trabajo Araucanía Hub. El proyecto dura seis meses, por lo que a fines de abril de este año ellas deberían tener sus plantas mejoradas y más conocimientos relacionados con comercio justo.

Mejor producción

La directora de Fundación Cocinamar y directora del proyecto, Griselda Ilabel, relató que “El sello Fair Trade certifica a los botes que trabajan en la pesquería, a los buzos y a la planta exportadora. Nuestro objetivo es que ojalá las pequeñas plantas también puedan obtener la certificación en el futuro. Por eso nace este proyecto ‘Conecta y Colabora’, para trabajar con ellas los conceptos de comercio justo, de derechos humanos, de seguridad en el trabajo y de eliminación del trabajo infantil, entre otros aspectos. Uno cree que son cosas que están erradicadas, pero a veces son problemas que están presentes en el rubro”.

Tener estos conocimientos les ayudará a mejorar su competitividad frente a otras empresas más grandes. “Lo bueno es que Dominga y Elsa ya trabajan con nociones de comercio justo, ya que una de las maneras que tienen para competir es ofrecer un mejor precio a los pescadores y a los buzos con los que trabajan. Este tipo de acciones hay que consolidarlas”, dijo.

Con el proyecto también se mejorarán las condiciones de sus plantas para que dupliquen su capacidad de producción, ya que ya cuentan con buenos productos y canales de comercialización. “Pero también se les pueden abrir nuevos canales y con el aumento de producción ellas los podrán surtir”, agregó.

Las emprendedoras

Dominga Huichalaf trabajaba en la pesca artesanal y para darle un valor agregado a sus productos creó hace diez años el emprendimiento La Minga, ubicado camino a Niebla. Se trata de una pequeña planta certificada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, en la cual procesa pescados y mariscos para vender en formato de carne congelada y sellados al vacío, además de pescados ahumados como róbalo y sierra. Además vende navajuelas congeladas y una conserva de navajuelas al pil pil.

También tiene un restaurante, pero está cerrado por la pandemia.

Gracias al proyecto “Conecta y Colabora” podrá mejorar su sala de ahumados a través de la construcción de dos ahumadores. A esto se sumará la instalación de piso de cerámica en la cocina de su restaurante. Este cambio permitiría que pueda funcionar como envasadora de sus conservas. Para mejorar sus procesos se comprará una hidrolavadora, que permitirá limpiar las bandejas de residuos de pescado de forma más rápida y eficiente, y una congeladora para almacenar los recursos que se extraen.

Dominga Huichalaf aseguró que “esta es una buena ayuda, porque necesitábamos ampliar nuestro ahumador que era muy chico. Voy a poder ahumar el doble de pescados de una sola vez. Antes, cuando tenía que ahumar harto en el día, pasaba el día entero haciéndolo. Ahora lo haré en la mitad de tiempo”. Su empresa es familiar, trabaja con sus dos hijas y su yerno, que es quien pesca. “Nos gustaría seguir creciendo y tener más clientes cada día”, dijo.

Mientras que Elsa Neira es dueña de Frutos del Mar, de Niebla. Se trata de un emprendimiento familiar creado en 2010 y ubicado a metros de la Caleta el Piojo. Comercializa navajuelas precocidas y congeladas. “Vimos que la gente necesitaba un producto terminado para, sobre todo, hacer empanadas. Notamos que un producto que se vendía con concha no tenía tanto valor como hacerlo limpiecito en bolsita”, relató. Tiene una pequeña planta de procesos donde trabajan cuatro personas, quienes procesan 200 kilos de mariscos al día.

Con el proyecto, en esta planta se mejorará principalmente el área sucia. Además, se cambiaría el cocedor con el objetivo de que pueda mecanizar sus procesos. También se le instalará luz eléctrica, para que puedan trabajar por turnos y mejorar su productividad. “Para nosotros es una gran ayuda, porque nuestra casita nosotros mismos la habíamos fabricado hace años. Ahora tenemos una cosa linda para trabajar y mostrarle a nuestros clientes. Ellos están llenos de alegría al ver que estamos saliendo adelante en esto. Además, vamos a aprender nuevas cosas. Saber cómo podemos vender es una cosa grande para nosotros”, expresó.

La directora de Cocinamar, Griselda Ilabel, destacó: “Soñemos que la conserva de navajuelas al pil pil pueda tener un sello de comercio justo. Estas emprendedoras llevan años trabajando solas y creemos que merecen recibir este apoyo”.

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